Miedo líquido

Escrito por investigacionliquida 19-01-2012 en General. Comentarios (0)

Así es. Saber que este mundo en el que vivimos es temible no significa que vivamos atemorizados (al menos no las 24 horas del día y los siete días de la semana). Disponemos de suficientes artimañas astutas (“chismes” ingeniosos que amablemente nos proporcionan los comerciantes) para ayudarnos a evitar tan siniestra eventualidad.

Una de esas artimañas es aquella que Thomas Mathiesen ha llamado el “Silenciamiento silencioso”, un proceso que logra que los riesgos inminentes del mundo moderno (entre los más destacados, el daño al ambiente y la disolución social) en vez de ruidosos, sean callados; que sean ocultos en vez de abiertos; que en vez de apreciarse, pasen inadvertidos; que en vez de verse, pasen sin ser vistos; que en vez de físicos, sean no físicos (un asunto de percepción).

Junto a procesos sigilosos como ese, nuestra sociedad moderna líquida se ha establecido como un artefacto que trata de hacernos llevadero el vivir con miedo pues, para empezar –como ha ocurrido con todo lo demás en la vida moderna líquida- ha convertido al miedo en algo temporal, que sólo está vigente “hasta nuevo aviso”.

El Miedo líquido dura lo que tarda en producirse el regreso de una nueva celebridad a la que hacía tiempo que no se recordaba, o de una canción que había sido famosa mucho tiempo atrás y a la que ya habíamos perdido la pista, o lo que tarda en producirse el aniversario en números redondos del algún escritor o del algún pintor largamente olvidados y “excavados” para la ocasión, o la llegada de una nueva moda “retro”.

Por otra parte, y afortunadamente, son muchos más los “golpes” que se anuncian como inminentes que aquellos que llegan finalmente a “golpear”, por lo que siempre esperamos que el azote que se anuncia en ese momento nos pase de largo.

¿Conocemos a alguien cuyo ordenador haya quedado inservible por culpa del siniestro efecto “Y2K”? ¿Con cuántas personas nos hemos encontrado que hayan caído enfermas por culpa de los ácaros en la alfombra? ¿Cuántos de nuestros amigos han muerto del mal de las vacas locas? ¿Cuántos de nuestros conocidos han enfermado o sufrido alguna discapacidad por culpa de los alimentos transgénicos? ¿Quién entre nuestros vecinos y amistades ha sido agredido y mutilado por los “malignos” migrantes, solicitantes de asilo?

Los pánicos vienen y van, y por espantosos que sean, siempre es posible presuponer, con toda seguridad, que compartirán la suerte de todos los anteriores. Además, son muchos los miedos que entran en nuestras vidas acompañados de los remedios de los que a menudo oímos hablar antes de que hayamos tenido tiempo de asustarnos de los males que esos remedios prometen solucionar.

La economía de consumo depende de la producción de consumidores. Y los consumidores que hay que producir para el consumo de productos “contra el miedo” tienen que estar atemorizados y asustados, al tiempo que esperanzados de que los peligros que tanto temen puedan ser forzados a retirarse y de que ellos mismos sean capaces de obligarlos a tal cosa (con la ayuda pagada de su bolsillo, claro está).

De Zygmunt Bauman, Miedo Líquido (Paidós: Madrid, 2007)