Amor líquido

Escrito por investigacionliquida 14-02-2012 en General. Comentarios (1)

Un mensaje parpadea en la pantalla a la espera urgente de respuesta. Sus deditos están siempre ocupados: usted aprieta teclas, llama a nuevos números para contestar a sus llamadas o para enviar sus propios mensajes. Usted está conectado.

Usted jamás pierde de vista su celular. Su ropa deportiva tiene un bolsillo especial para contenerlo, y salir a correr con ese bolsillo vacío sería como salir descalzo. De hecho, usted no va a ninguna parte sin su celular (“ninguna parte” es, en realidad, un espacio sin celular, un espacio fuera del área de cobertura). Y una vez que usted tiene su celular, ya nunca está afuera. Usted siempre está adentro.

Todos hemos visto, oído y aún escuchado, a pesar nuestro, a los que hablan sin parar por sus teléfonos. Hombres exitosos, deseosos de mantenerse ocupados y parecer eficientes, es decir, ser capaces de conectarse con la mayor cantidad posible de usuarios de celulares y de demostrar cuántos de esos usuarios están dispuestos a aceptar su llamada.

O adolescentes de ambos sexos y jóvenes que informan a sus hogares por cuál estación acaban de pasar y hacia cuál se dirigen. Uno diría que están contando los minutos que los separan de sus seres queridos y que no ven la hora de poder mantener esas conversaciones cara a cara.

Pero no es así. Esas charlas no preparan el terreno para algo real: Son lo real… Muchos de esos jóvenes anhelantes de informar a sus invisibles interlocutores acerca de su paradero, ni bien llegan a sus hogares, corren a sus cuartos a cerrar la puerta con llave tras de sí.

La proximidad virtual y la no-virtual han intercambiado sus lugares: ahora la proximidad en su variante virtual se ha convertido en una realidad. La proximidad no-virtual se queda muy corta respecto de los rígidos estándares de no intromisión y flexibilidad que la proximidad virtual ha establecido.

Por tal razón, los hogares ya no resultan un oasis de intimidad en medio del desierto árido de la despersonalización. Ya no son un lugar de recreación compartido, de amor y amistad. Los hogares son ahora un ámbito de disputas territoriales. Ya no son el obraje de construcción de la unidad, sino un conjunto de búnkeres fortificados.

Cuanto más atención y esfuerzos de aprendizaje consume la proximidad del tipo virtual, menos tiempo se dedica a la adquisición y ejercicio de las habilidades que la proximidad no-virtual requiere. “Estar conectado” es más simple que “Estar relacionado”, pero también bastante menos provechoso en la construcción de vínculos y su conservación.

Adaptado libremente de Zygmunt Bauman, Amor líquido (FC: México, 2007)