¿Cómo se genera un consumidor? (1ª Parte)

Escrito por investigacionliquida 17-11-2011 en General. Comentarios (1)

Al dejar atrás las instituciones sólidas, tradicionales y premodernas de ubicación social (a saber, el ejército y la fábrica) que “condenaban” a hombres y mujeres a “apegarse” a su clase y a vivir según los estándares –pero nunca por encima de ellos-, La modernidad líquida ha cargado sobre los individuos la tarea de elaborar la propia identidad social (sino desde cero, al menos desde sus cimientos).

Inicialmente, en la etapa sólida de la modernidad, el ejército y la fábrica formaban a la gente para un comportamiento productivo, rutinario y monótono, y lo lograban limitando o eliminando toda posibilidad de elección. La responsabilidad del individuo se limitaba a respetar las fronteras entre ser un noble, un comerciante, un soldado mercenario, un artesano, un campesino arrendatario o un peón rural.

Una vez determinada, la identidad social podía construirse de una vez y para siempre y, al menos en principio, también debían definirse la vocación, el puesto de trabajo y las tareas para toda la vida. La construcción de la identidad habría de ser regular y coherente, pasando por etapas claramente definidas, y también debía serlo la carrera laboral.

La identidad social tenía como determinantes centrales la herencia, la capacidad para el trabajo, el lugar que se ocupara en el proceso de producción, y el proyecto elaborado a partir de todas las anteriores.

Sin embargo, a la llegada de la modernidad líquida, con la rápida disminución de los empleos que trajo aparejada consigo el progreso tecnológico (cuyo principio modernizador fue el “achicamiento” o reducción del personal), y con el reemplazo del servicio militar obligatorio por ejércitos pequeños integrados por profesionales voluntarios, el tipo de entrenamiento que aquellas instituciones destacaron en el pasado cayó en desuso y dejó de servir para “integrar” a hombres y mujeres al nuevo orden de las cosas.

Los empleos permanentes, seguros y garantizados, empezaron a ser la excepción, y los oficios de antaño, “de por vida”, incluso los hereditarios, de casta, quedaron confinados a unas pocas industrias y profesiones antiguas que cayeron en rápida nulidad.

No obstante, el paso de la sociedad moderna sólida (de productores) a una sociedad moderna líquida (de consumidores) no ha sido tajante; no todos los integrantes de la comunidad han tenido que abandonar un papel para asumir otro y, apenas hasta hace poco, sus consecuencias parecen percibirse como un gran terremoto, incluso como una amenaza existencial.

De Zygmunt Bauman, Trabajo, consumismo y nuevos pobres (Gedisa: Barcelona, 2000)