La era del espacio

Escrito por investigacionliquida 31-01-2012 en General. Comentarios (0)

La era del espacio comenzó con la Muralla China y el Muro de Adriano de los antiguos imperios Chino y Británico, respectivamente. Continuó con los fosos, los puentes levadizos y las torretas de las ciudades medievales. Alcanzó su punto más alto con las líneas de Maginot y Sigfrido (a lo largo de las fronteras entre Alemania, Francia e Italia). Y desembocó en el Muro de Berlín y el Muro Atlántico (los muros de los bloques militares supranacionales).

Durante esas épocas, el territorio fue siempre el recurso más preciado; el premio mayor de toda lucha por el poder; la marca que distinguía a los vencedores de los vencidos.

Pero, sobre todo, el territorio fue, durante toda la era, la principal garantía de seguridad: las medidas de seguridad se pensaban e implementaban en términos de la extensión y las particularidades del territorio controlado.

La era del espacio fue la época de “la impenetrable tierra interior” y de la privacidad del “hogar, dulce hogar”. El poder era territorial. El espacio propio era un espacio con fronteras que era posible ajustar e impermeabilizar. Se podía, en efecto, impedir la intrusión, y regular y controlar estrictamente la entrada. Cualesquiera que fuesen las amenazas de las que uno quisiera huir u ocultarse, éstas no osarían trasponer los límites territoriales establecidos.

Todo eso se acabó. De hecho, se ha terminado hace bastante. Y no es que hubiera escasez de signos que nos advirtieran de ello, pero se hizo evidente de una manera efectiva y definitiva sólo a partir de los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 en la Ciudad de Nueva York.

Los hechos del 11 de septiembre dejaron claro que ya nadie, por más rico en recursos, distante e independiente que sea, puede cortar amarras con el resto del mundo.

La capacidad protectora del espacio es ahora un arma de doble filo: Nadie puede ocultarse de los ataques, y nadie está lo suficientemente lejos como para impedir que aquellos sean planeados y dirigidos allí a distancia.

Los lugares ya no protegen, no importa cuan fuerte armados y fortificados estén. La fuerza y la debilidad, la amenaza y la seguridad, se han convertido, esencialmente, en problemas extraterritoriales (y difusos) que eluden toda solución territorial (y nítida).

De Zygmunt Bauman, La sociedad sitiada (Buenos Aires: FCE, 2004)