Investigación Líquida

Investigación Líquida en Megaciudades de América

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El consumidor es enemigo del ciudadano

Escrito por investigacionliquida 20-10-2011 en General. Comentarios (0)

En todo el planeta abundan las señales de que la gente le está dando la espalda a la política. Señales de una creciente apatía y desinterés por la marcha del proceso político.

Pero la política democrática no puede sobrevivir mucho tiempo si perdura la pasividad que resulta del desconocimiento y la indiferencia de los ciudadanos ante las cuestiones políticas.

Las libertades de los ciudadanos no son propiedades adquiridas para siempre; no se trata de pertenencias que se encuentran seguras en cuanto se guardan en cajas fuertes privadas. Están plantadas y arraigadas en el suelo sociopolítico y éste ha de ser fertilizado a diario. Si no recibe los cuidados debidos día tras día (en forma de acciones informadas de un público entendido y comprometido), ese suelo acabará secándose y desintegrándose.

Ni las habilidades técnicas son las únicas que necesitan una renovación continua, ni sólo la educación centrada en el trabajo debe ser permanente. Ambas cosas (renovación y permanencia) son también necesarias (y con mayor urgencia) en la educación ciudadana.

Para las autoridades, la dominación a través de una ignorancia y una incertidumbre deliberadamente cultivadas resulta más fiable y barata que un gobierno fundamentado sobre un debate exhaustivo de los hechos y un esfuerzo prolongado de acuerdo sobre la verdad y sobre las formas menos arriesgadas de proceder.

De Zygmunt Bauman, Vida Líquida (Paidós: Barcelona, 2006)

Educación y empoderamiento

Escrito por investigacionliquida 12-10-2011 en General. Comentarios (1)

Según el consenso general, el “empoderamiento” (término de uso frecuente y perfectamente intercambiable por el de “capacitación”) se consigue cuando las personas adquieren la capacidad de controlar (o cuando menos, de influir significativamente en) las fuerzas políticas, económicas y sociales que, de otro modo, zarandearían continuamente su trayectoria vital.

Dicho de otro modo, estar “empoderado” significa ser capaz de elegir y de actuar de manera efectiva conforme a las elecciones realizadas, lo que, a su vez, supone la capacidad de conocer las opciones disponibles y los contextos sociales en los que se eligen y se materializan tales opciones.

Para que el “empoderamiento” sea verdad, no sólo es necesario adquirir las capacidades exigidas para jugar un juego diseñado por otros, sino también conquistar los poderes o las competencias que permiten influir en los objetivos, las apuestas y las reglas del juego; es decir, no sólo las habilidades personales, sino también las competencias sociales.

El “empoderamiento” exige la construcción y la reconstrucción de los vínculos interhumanos, así como la voluntad y la capacidad de implicarse con las demás personas en un esfuerzo continuo por convertir la convivencia humana en un entorno hospitalario y acogedor.

Una de las cuestiones más decisivas que está en juego con la educación permanente orientada al “empoderamiento” es la reconstrucción de un espacio público (cada vez más desierto en la actualidad) en el que los hombres y las mujeres puedan participar en una traslación continua entre lo individual y lo colectivo, entre los intereses, los derechos y los deberes de índole privada y los de índole comunal.

En tales circunstancias, las capacidades que más necesitamos para dar a esa esfera pública una existencia razonable son las relacionadas con la interacción con otras personas: dialogar, negociar, comprenderse mutuamente y gestionar los conflictos que inevitablemente surgen en todo acto de vida compartida.

De Zygmunt Bauman, Vida líquida (Paidós: Barcelona, 2006)

 

El mercado de la enseñanza

Escrito por investigacionliquida 30-09-2011 en General. Comentarios (0)

En el contexto moderno líquido, la importancia del aprendizaje radica en su papel como “fomentador de una fuerza de trabajo calificada, formada y adaptable”. La detección de las aptitudes requeridas por el mercado de trabajo se ha convertido en un aspecto sumamente significativo del currículo ofertado.

Así, los cambios educativos se vinculan, de forma creciente, al discurso de la eficiencia, la competitividad y la rentabilidad, y el objetivo declarado de los mismos es el de “inculcar en la fuerza de trabajo las virtudes de flexibilidad y movilidad, así como habilidades básicas y relacionadas con su desempeño laboral”.

Lo que esa forma de aprendizaje valora es el ajuste a los fines relacionados con la economía laboral. Es fácil hallar una notable afinidad entre el enfoque adoptado por los “administradores escolares” y las intenciones y peticiones explícitamente declaradas por “educadores” que, de manera abierta, escriben en nombre (y a favor) del punto de vista de la dirección empresarial.

Estos últimos, siguen casi al pie de la letra un patrón argumental del pensamiento empresarial (enormemente popular e influyente), según el cual, la finalidad de la educación es “Desarrollar a los empleados para que mejoren su actual desempeño en sus puestos de trabajo, así como prepararlos para el desempeño de otros puestos que puedan ocupar en el futuro”.

Ese tipo de llamamientos, basados en la detección de las aptitudes requeridas por el mercado, han sido en el pasado, y siguen siendo en el presente, innumerables.

Sin embargo, los gestores de recursos humanos se han visto una y otra vez incapaces de prever lo que “el mercado laboral” iba a necesitar cuando la fuerza laboral actualmente en formación finalizara su periodo de instrucción y estuviera presumiblemente preparada para trabajar. El sentimiento que predomina y reaparece a lo largo del llamado “mercado de la enseñanza” es “la sospecha de que la educación continua administrada por el mercado no esté suministrando todo lo que la economía necesita”.

Al parecer, los cálculos empresariales sobre las fuentes del aprendizaje humano se han atribuido a  sí mismos una autoridad que no poseen, haciendo promesas que no pueden mantener y, por consiguiente, asumiendo responsabilidades que son incapaces de soportar.

Supeditar las iniciativas personales de autoafirmación y de superación propia a las supuestas “necesidades futuras” de unos mercados volátiles y caóticos no puede acarrear más que un elevado nivel de sufrimiento humano en forma de frustración, esperanzas truncadas y vidas desperdiciadas.

De Zygmunt Bauman, Vida Líquida (Paidós: Barcelona, 2006)

Conocimiento desechable

Escrito por investigacionliquida 21-09-2011 en General. Comentarios (1)

Hubo un tiempo en que un título universitario servía de salvoconducto para la práctica de una profesión hasta la jubilación. Eso ya es historia. Hoy en día, uno ha de renovar constantemente sus conocimientos e, incluso, cambiar su profesión si no quiere ver reducidos a la nada sus esfuerzos para ganarse la vida.

Para los “administradores” escolares más hábiles, esto supone una oportunidad que no pueden dejar escapar de cosechar fondos adicionales, confeccionando cursillos a la medida sobre las habilidades más solicitadas, aunque brillen por su ausencia los instructores dotados de las habilidades necesarias para impartirlos.

<Donde haya un problema que las personas se esfuercen por solucionar, el mercado acudirá raudo al rescate. A un determinado precio, por supuesto.>

La llamada “educación continua” es un mercado dominado por la oferta: los clientes potenciales no están, por definición, en situación de juzgar la calidad de los productos que se les ofrecen ni de mostrarse exigentes si se atreven a juzgarla.

Aquí se venden con facilidad conocimientos inútiles o de calidad inferior, en ocasiones, obsoletos, cuando no sencillamente engañosos. Y cuantos más se compran, menos probable resulta que los engañados descubran el farol de los proveedores.

Aprovecharse de la ignorancia y la credulidad de humana proporciona réditos rápidos y garantizados, y siempre habrá buscadores de fortunas incapaces de resistirse al llamado del dinero.

De Zygmunt Bauman, Vida líquida (Paidós: Barcelona, 2006)

Aprender sobre la marcha

Escrito por investigacionliquida 14-09-2011 en General. Comentarios (1)

En tiempos pasados, cuando se disparaba un proyectil desde un arma balística, tanto su dirección como la distancia que recorrería habían sido ya decididas por la forma y la posición del propio cañón, así como por la cantidad de pólvora empleada. Esas eran cualidades que hacían de los proyectiles balísticos armas ideales para ser usadas en la guerra de posiciones, en la que los objetivos permanecían enterrados en las trincheras y los obuses o las balas eran los únicos cuerpos en movimiento.

Pero esas mismas cualidades los volvieron inútiles cuando los objetivos, además de volverse invisibles para el artillero, empezaron a moverse a mayor velocidad que la que podían alcanzar los proyectiles en vuelo.

En esas circunstancias, se hizo preciso un misil inteligente, capaz de cambiar de dirección a medio vuelo en función de las condiciones cambiantes; de detectar inmediatamente los movimientos del objetivo; de averiguar todo lo que se pueda y se deba averiguar sobre la dirección y velocidad más recientes del blanco; y de extrapolar –a partir de la información recogida-  el punto exacto en que se cruzarán ambas trayectorias.

Podemos afirmar que los misiles inteligentes siguen una estrategia de “racionalidad instrumental” a la inversa: Los objetivos se seleccionan mientras el misil está en el aire y lo que decide qué fin acaba siendo el elegido son los medios disponibles en cada momento.

Es decir: Los misiles inteligentes (a diferencia de sus anteriores parientes balísticos) aprenden sobre la marcha. Esto es obvio. Lo que resulta menos visible, sin embargo, es la "necesidad" de olvidar al instante lo que se ha aprendido con anterioridad. Los proyectiles no serían inteligentes si no pudieran “cambiar de opinión” o revocar “sus decisiones” previas sin dudarlo.

Lo que nunca debe olvidar “el cerebro” de los misiles inteligentes es que el conocimiento que adquieren es sumamente desechable, válido sólo hasta nuevo aviso y útil sólo de forma temporal, y que para tener garantías de éxito no se puede pasar por alto el momento en que el conocimiento adquirido deja de ser útil y tiene que ser descartado, olvidado y reemplazado.

Los filósofos de la educación en la era moderna sólida concebían a los maestros como lanzadores de proyectiles balísticos y les instruían sobre cómo asegurarse de que sus productos se mantuvieran estratégicamente dentro de la trayectoria pre-diseñada.

En el reciente advenimiento de la era moderna líquida, esa antigua sabiduría ha perdido su anterior valor pragmático y las personas que se ocupan del aprendizaje se han visto obligadas a desplazar su atención de los proyectiles balísticos a los inteligentes.

 

De Zygmunt Bauman, Vida Líquida (Paidós: Barcelona, 2006)