Investigación Líquida

Investigación Líquida en Megaciudades de América

New York. Los Ángeles. Ciudad de México. Sao Paulo. Río de Janeiro y Buenos Aires

Los riesgos y angustias de vivir juntos y separados

Escrito por investigacionliquida 24-08-2010 en General. Comentarios (3)

Al carecer de atributos propios, ya fueran heredados o adquiridos irreversiblemente y de manera definitiva, el individuo debe desarrollar, por medio de su propio esfuerzo, cualquier atributo que pudiera haber deseado poseer, empleando para ello su propia inteligencia e ingenio, pero sin garantías de que esos atributos durarán indefinidamente en un mundo colmado de señales confusas, con tendencia a cambiar rápidamente y de maneras imprevisibles.

Al no tener vínculos inquebrantables y establecidos para siempre, el habitante de nuestra moderna sociedad líquida y sus sucesores de hoy deben amarrar los lazos que prefieran usar como eslabón para ligarse con el resto del mundo humano, basándose exclusivamente en su propio esfuerzo y con la ayuda de sus propias habilidades y de su propia persistencia. Sueltos, deben conectarse.

Sin embargo, ninguna clase de conexión que pueda llenar el vacío dejado por los antiguos vínculos ausentes tiene garantía de duración. De hecho, toda conexión no debe estar bien anudada, para que sea posible desatarla rápidamente cuando las condiciones cambien… algo que en la modernidad líquida seguramente ocurrirá una y otra vez.

Zygmunt Bauman. Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos (FCE, México, 2009)

Las ciudades literarias

Escrito por investigacionliquida 18-08-2010 en General. Comentarios (2)

Hoy el urbanismo es un tema reservado a los especialistas y yo no lo soy. Pero en todos los tiempos ha habido poetas y escritores que se inspiraron en la ciudad como una escenografía fantástica y exótica, en  libros y poemas que se convierten en continentes imaginarios en los que encontrarán su espacio otras obras literarias; continentes del <allende>, hoy que del <allende> se puede decir que ya no existe y que todo el mundo tiende a uniformarse.

¿Qué son hoy las ciudades para nosotros? Las ciudades son un conjunto de muchas cosas: memorias, deseos, signos de un lenguaje; son lugares de trueque, pero estos trueques no lo son sólo de mercancías, son también trueques de palabras, de deseos, de recuerdos.

Al hombre que cabalga largamente por tierras agrestes le asalta el deseo de una ciudad. Partiendo de allá y andando tres jornadas, el hombre se encuentra en la ciudad. Más allá de seis ríos y tres cadenas de montañas surge una ciudad que quien la ha visto una vez no puede olvidarla más. De dos maneras se llega a la ciudad, por agua o por tierra, y la ciudad es diferente para el que viene andando y para el que viene del mar. El hombre que viaja y no conoce todavía la ciudad que le espera al cabo del camino, se pregunta cómo será el palacio real, el cuartel, el molino, el teatro, el bazar.

¿Conocen ustedes alguna de esas ciudades modernas en donde las personas que pasan por sus calles no se conocen, y al verse imaginan mil cosas las unas de las otras, los encuentros que podrían ocurrir entre ellas, las conversaciones, las sorpresas, las caricias, los mordiscos, pero nadie saluda a nadie, las miradas se cruzan un segundo y después huyen, buscan otras miradas y no se detienen?

Texto tomado fiel, pero adaptado libremente, de Italo Calvino, de su obra que todos ustedes conocen, nomás para ser científicamente pecaminoso.

Glosario

Nefario: Sumamente malvado, impío e indigno del trato humano.

Allende: De la parte de allá

Pecaminoso: que está o parece contaminado de pecado

Espacios prohibitorios

Escrito por investigacionliquida 11-08-2010 en General. Comentarios (1)

Con su don singular para acuñar términos certeros y mordaces, y en un estudio bajo el elocuente título de Building Paranoia*, Steven Flusty distingue diversas variedades de espacios recíprocamente complementarios que constituyen el equivalente urbano de los fosos y torreones de los castillos medievales.

v  Espacio resbaladizo: que no se puede alcanzar debido a la distorsión, prolongación o ausencia de caminos de acceso

 

v  Espacio espinoso: que no se puede ocupar cómodamente, defendido por artefactos tales como regaderas montadas en las paredes y activadas para ahuyentar a los que se demoran junto a ellas, o bordes inclinados para inhibir a los que quieren sentarse

 

v  Espacio aprensivo: que no se puede utilizar furtivamente debido a su supervisión activa por parte de patrullas móviles y/o tecnologías a distancia que envían información a puestos de seguridad

 

En esta dinámica prohibitoria, las elites han optado por el aislamiento –pagando por él, generosamente y de buen grado- excluyendo al resto de la población y obligándole a pagar el fuerte precio cultural, psicológico y político de dicho confinamiento.

 

Sin embargo, cuando los impotentes y desdeñados habitantes de las áreas separadas, cada vez más marginadas y reducidas, tratan de instalar las fronteras de su terreno, utilizando cualquier recurso que tengan en manos (ritos, indumentaria extraña, poses extravagantes, violación de normas o despedazamiento de botellas, ventanas y coronillas, en los ya rituales enfrentamientos con la ley) entonces tienen la desventaja de que sus acciones no están autorizadas, y se les clasifica en los archivos oficiales como violaciones de la ley y el orden, en lugar de lo que realmente son: intentos de presentar reclamos territoriales audibles y legibles, y seguir las nuevas reglas del juego territorial en el que todos deberían tener el derecho de participar.

 

De esta manera, el territorio urbano se ha convertido en un campo de batalla de la continua guerra por el espacio. Ahora que, además, la competición se vuelve global, esta carrera tiene que celebrarse en una pista de dimensiones planetarias.

 

*Según el traductor de Bauman, Daniel Zadunaiski, Building Paranoia es un juego de palabras que se traduce indistintamente por “paranoia en la construcción” y “construcción de la paranoia”

 

El documento  Building paranoia, que Bauman refiere en su ensayo “Tiempo y clase”, está incluido en un libro colectivo titulado Architecture of fear, coordinado por Nan Elin -autor estimado por Bauman- publicado en 1997 por la Princeton Architectural Press, en Nueva York

 

 

La buena ciudad: Negación del descontento, la perplejidad y la emoción

Escrito por investigacionliquida 03-08-2010 en General. Comentarios (2)

En la buena ciudad se tiende a buscar “la sensación de estar entre los nuestros”, un elemento común casi universal. Dicha búsqueda se centra, primero, en la ilusión de la igualdad, garantizada por la monótona similitud de todos los que están a la vista, y luego en la suspicacia, la intolerancia y la hostilidad hacia los forasteros, así como la exigencia de separarlos y desterrarlos, bajo una obsesión histérica, paranoica, “por la ley y el orden”.

En la buena ciudad, la garantía de seguridad está esbozada en la ausencia de vecinos que piensen, actúen, o tengan un aspecto distinto de los demás. La uniformidad genera conformismo, y el otro rostro de éste es la intolerancia. En una localidad homogénea, es sumamente difícil adquirir las cualidades de carácter y las destrezas necesarias para afrontar las diferencias entre los seres humanos […] Lo más fácil es temer al otro, por la mera razón de que es otro: acaso extraño y distinto, pero ante todo desconocido, difícil de comprender, imposible de desentrañar, totalmente imprevisible.

La ciudad, que en un tiempo existió para proteger a sus residentes intramuros de los invasores malignos que siempre venían de fuera, en nuestro tiempo “está asociada más con el peligro que con la seguridad”. Según Nan Elin

“En nuestro tiempo posmoderno, el factor miedo sin duda ha crecido, como lo demuestran la proliferación de cerraduras de automóviles y casas, así como los sistemas de seguridad; las <comunidades cercadas> y seguras para grupos de todas las edades y niveles de ingresos, la creciente vigilancia de los espacios públicos, además de los interminables mensajes de peligro emitidos por los medios masivos de comunicación” (Nan Elin, citado en Bauman, 1997, p. 65)

Los miedos contemporáneos, típicamente urbanos, a diferencia de aquellos que antaño condujeron a la construcción de las ciudades, se concentran ahora en “el enemigo interior”. Quien sufre este miedo, se preocupa menos por la integridad y la fortaleza de la ciudad que por el aislamiento y la fortificación del propio hogar dentro de aquella.

Los muros que antes rodeaban la ciudad ahora la cruzan y se entrecruzan en varias direcciones. Vecindarios cercados, espacios públicos rigurosamente vigilados y de acceso selectivo, guardias armados en los portones y puertas eléctricas; todos ellos son recursos empleados contra el conciudadano indeseado más que contra los ejércitos extranjeros, los salteadores de caminos, los merodeadores y otros peligros desconocidos que aguardaban más allá de los portales.

No solidarizarse con el otro sino evitarlo, separarse de él: tal es la gran estrategia de supervivencia en la megalópolis moderna. Tampoco es cuestión de amar u odiar al prójimo, sino de mantenerlo a distancia: así se anula el dilema y se vuelve innecesario elegir entre el amor y el odio.

Zymunt Bauman, La globalización. Consecuencias humanas (FCE, México, 1997)

Sociedad inalámbrica y vida de consumo

Escrito por investigacionliquida 14-07-2010 en General. Comentarios (1)

En una sociedad electrónica, o cibersociedad, la vida social se desarrolla en compañía de una computadora, un iPod, o un celular, y sólo secundariamente con otros seres de carne y hueso. Aún en países como el nuestro, con ciberaños de retraso, las redes sociales se esparcen con la velocidad de <una infección en extremo virulenta>. De la noche a la mañana, las redes sociales han dejado de ser una opción entre tantas otras para convertirse en el destino obligado de un creciente número de jóvenes, mujeres y hombres.

Es evidente que los inventores y promotores de las redes virtuales han tocado una cuerda sensible, un nervio tenso y virgen que hace mucho esperaba la llegada del estímulo adecuado. Pueden jactarse, y con razón, de haber satisfecho una necesidad real, urgente y muy extendida. ¿De qué necesidad se trata? En el corazón de las redes sociales está el intercambio de información personal. Los usuarios están felices de poder revelar detalles íntimos de sus vidas íntimas, de poder dejar asentada información verdadera y de poder intercambiar fotografías.

Sin embargo, sería una grave error suponer que el impulso de exponer en público el “yo interior” y la necesidad de satisfacer ese impulso son sólo manifestaciones de un impulso/adicción meramente generacional […] Esta nueva afición por la confesión pública puede ser explicada con las nociones de cibermercado o la cultura del mostrar y decir.

Los ciudadanos equipados con confesionarios electrónicos portátiles no son otra cosa que aprendices entrenados en las artes de una sociedad confesional –una sociedad que se destaca por haber borrado los límites que otrora separaban lo privado de lo público, por haber convertido en virtudes y obligaciones públicas el hecho de exponer abiertamente lo privado y por haber eliminado de la comunicación pública todo lo que se niegue a ser reducido a una confidencia privada, y a aquellos que se rehúsan a confesarse.

En la sociedad inalámbrica, las personas son instadas, empujadas u obligadas a promocionar un producto deseable y atractivo, y por lo tanto hacen todo lo que pueden, empleando todas las armas que encuentran a su alcance, para acrecentar el valor de mercado de lo que tienen para vender. Y el producto que están dispuestos a promocionar y poner en venta en el mercado no es otra cosa que ellos mismos. Ellos son, simultáneamente, los promotores del producto y el producto que promueven. Son al mismo tiempo, encargado del marketing y mercadería, vendedor ambulante y artículo en venta.

“Me permito agregar que cualquier académico que alguna vez haya tenido que llenar una solicitud de fondos para investigación o se haya postulado a un puesto docente sabrá reconocer perfectamente por su propia experiencia la situación a la que me refiero” (Bauman, 2007, pp. 17-18)

De Zygmunt Bauman, Vida de consumo (México, FCE, 2007)